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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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Feliz en la nueva escuela 



Mayo 17 Como Valentina Ilyevich se lo contó a Misión 



n 



México 



Francisco estaba atemorizado. Su 
mamá lo había inscrito en una escue- 
la diferente. No podía dejar de pregun- 
tarse si los niños allí lo aceptarían o no. 
Tenía una buena razón para estar teme- 
roso, ya que en la escuela anterior los 
niños se burlaban de él porque caminaba 
con muletas. 

Un nuevo desafío y una gran sorpresa 

Francisco nació antes de tiempo y no 
puede caminar sin muletas. Pero tiene 
una mente brillante, y estaba ansioso 
por comenzar sus estudios. Sin embar- 
go, su madre temía que la asistencia a 
clases colocara demasiada presión sobre 
él, y que sus compañeritos de clase no lo 
aceptaran. Por eso no lo quiso matricu- 
lar en una escuela hasta después que 
cumpliera ocho años. 

Sus temores resultaron bien funda- 
dos. 

— Los chicos de mi clase se burlaron 
de mí riéndose porque yo no podía 
correr ni jugar con ellos — relata 
Francisco — . Traté de amistarme con 
ellos, pero era muy difícil. Por eso, cuan- 
do estaba listo para iniciar el séptimo 
grado, mamá decidió inscribirme en 
una escuela privada. 

Pero la mamá de Francisco no estaba 
segura de qué escuela debía elegir, 
donde aceptaran a su hijo y le ayudaran 
a cultivar las facultades de su mente 
sobresaliente. Una vecina le sugirió que 



averiguara en la escuela adventista del 
pueblo. Lo hizo, y se sintió complacida 
al ver el interés que mostraron los maes- 
tros por las necesidades especiales de su 
hijo. Estaban muy dispuestos a estimu- 
larlo en sus estudios. Lo inscribió en la 
escuela adventista. 

— Me sentía nervioso ante la perspec- 
tiva de estudiar en una nueva escuela, 
— admite Francisco — . ^Me aceptarían 
mis compañeros de estudio, o se burla- 
rían de mí como los otros? No estaba 
preparado para ese primer día de clases. 
Mis nuevos condiscípulos me hicieron 
sentir que estaban contentos de que yo 
fuera uno de ellos. ¡Qué tremenda dife- 
rencia con la otra escuela! 

Descubre al Dios que se preocupa 

Francisco no conocía nada de los 
adventistas al entrar en esta escuela. Pero 
le gustaron los valores que enseñan. Le 
encantaron las clases de Biblia, especial- 
mente aprender versículos de memoria y 
leer las historias bíblicas. Por eso, cuan- 
do el maestro lo invitó a visitar la iglesia 
adventista, aceptó gustosamente. 

Al entrar a la iglesia la gente lo recibió 
con mucha amabilidad. Se sentó cerca 
de la salida; pero cuando algunos de sus 
compañeros lo divisaron, inmediata- 
mente lo invitaron a acompañarlos para 
asistir a la clase de jóvenes. 

La Escuela Sabática y el culto de ado- 
ración le gustaron mucho a Francisco. 



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Recibió la misma bienvenida amable y 
el trato cariñoso que había tenido en la 
escuela. Eso lo animó a visitar la iglesia 
semana tras semana. Cuando lo invita- 
ron a servir como consejero en el Club 
de Aventureros aceptó alegremente la 
encomienda. Su bondad lo hizo muy 
popular entre el grupo de niños, y ahora 
todos obedecen sus instrucciones mien- 
tras les enseña trabajos manuales y otras 
destrezas. Y cuando los Aventureros 
celebraron su campamento, los miem- 
bros de su unidad permanecieron cerca 
de él para ayudarle. 

Francisco se siente amado tanto en la 
escuela como en la iglesia; pero lo que 
más le importa es saber que Jesús lo 
ama. Les pidió a sus padres que le per- 
mitieran bautizarse, pero ellos conside- 
raban que no se había desarrollado sufi- 
ciente como para dar un paso tan 
importante. Sin embargo, después que 
algunos miembros de la iglesia los visi- 
taron en el hogar y hablaron con la 
familia, estuvieron de acuerdo. Ahora 
saben que cuando Francisco no está en 
casa o en la escuela, se encuentra en la 
iglesia. 

En la escuela este joven es un alumno 
sobresaliente, y en la iglesia es un líder 
servicial. Además de trabajar con el 
Club de Aventureros, se desempeña 
como diácono y abre la iglesia y hace el 
aseo. A menudo es su turno de pasar el 
plato de la ofienda y recoger los diez- 
mos a la hora del culto. 

Una perspectiva animadora 

Francisco ve la vida desde un punto 
de vista diferente al de muchos. «En esta 
vida no gozamos de seguridad alguna 



— dice él — . Hoy podemos estar muy 
bien, y mañana podemos accidentarnos 
y quedar incapacitados para realizar lo 
que siempre llevábamos a cabo. Por eso 
respetemos a los que tienen habilidades 
diferentes; apreciemos lo que son y lo 
que pueden hacer. No nos centremos en 
sus discapacidades. Todos tenemos limi- 
taciones; a pesar de ellas todos somos 
hijos de Dios. Todos somos preciosos a 
la vista de Dios. 

«Estoy feliz de que mis compañeros 
de escuela me aceptaran, porque este 
hecho me ayudó a comprender que 
Dios también me acepta». 

Francisco comparte el amor de Dios 
con sus familiares y amigos. Ellos toda- 
vía no asisten a la iglesia, pero él no se 
desanima. Está decido a continuar testi- 
ficando de su fe, sabiendo que llegará el 
día cuando decidirán rendirle la vida a 
Cristo. Nos asegura que cualquier pro- 
blema que tenga lo hace una persona 
má firme al mirar a Jesús y recibir su 
ayuda. 

«Estoy agradecido por la escuela 
adventista — agrega — , por sus maestros 
bondadosos y animadores, y por los 
alumnos que siempre me incluyen en 
sus actividades. Y estoy agradecido por 
la iglesia, donde me tomaron en cuenta 
y me incluyeron en el trabajo con los 
niños. Los miembros me sostienen y me 
dan la oportunidad de ayudar, y me 
muestran que todas las cosas son posi- 
bles en Cristo que nos fortalece. A veces 
nos encontramos con gente discapacita- 
da que se considera inservible. Pero 
Dios y mi familia de la iglesia me han 
demostrado que soy importante para 
ellos». 



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